Llegaron a Ecuador procedentes de algún lugar del mundo, de un lugar donde dicen que la gente no vive a gusto. Su objetivo era más que claro: pisar Miami.
Ella de nombre Isabel, él de nombre Pascual, dos almas en busca de “una mejor calidad de vida” o simplemente “vivir tranquilos”; antes, en su terruño, apenas sobrevivían.
Quito fue la ciudad donde comenzó el viacrucis, posteriormente les siguió Colombia y luego Panamá, ahí fue donde tuve la fortuna de conocerlos, tratarlos y aconsejarlos.
“México lindo y querido”, me decía Isabel en repetidas ocasiones y después arrojaba un suspiro, en actitud condescendiente, quizás; me afirmaba que teniendo un pie en tierras aztecas estarían casi en su destino. Pascual, por su parte, se limitaba controlar sus nervios y su miedo de no ser descubierto por migración y ser regresado a su pesadilla.
¿Por qué se van de su país? fue lo primero que pregunté, aunque siempre he tenido clara la respuesta. “Ahí no hay vida…”, respondieron y después me dieron un puñado de argumentos.
El gasto que cualquier persona invierte en viajar de Ecuador a los Estados Unidos de Norteamérica es significativo; sin embargo, ellos tenían que pagar el triple, más el precio de la humillación, que no es poca cosa, pero dar pasos atrás no era opción.
Después de un tiempo seguí mi destino hacia el sur y ellos hacia el norte, por esas paradojas que tiene la vida. Hace algunos días me encontré a Isabel conectada vía Facebook y con alegría me contó que estaba ya en Estados Unidos, junto a Pascual; sin embargo, con desagrado me dijo que para ella, México había dejado de ser el: “México lindo y querido”, que aquella imagen que se había creado de un país amable, se le fue al suelo cuando la tuvieron de pie casi diez horas en la frontera con Guatemala, donde la señalaron, la amenazaron y además la desnudaron, en un bajo acto de degradación.
La pareja ya había vivido algo similar en Colombia y en los demás países eran víctimas del miedo y amenazas continuas; ser sobornados se volvió su día a día, pero tenían la esperanza de que en tierras aztecas el trato fuera diferente y no fue así.
Muchas veces se escucha en los canales de noticias mexicanos sobre el mal trato que se da a los connacionales en la frontera con los Estados Unidos, mientras los intelectuales discuten y discuten nuevas reformas migratorias. Sin embargo, pocos voltean a ver la viga que tenemos en nuestro ojo, en el ojo que mira hacia el sur, donde los Centroamericanos y cubanos no cuentan y sufren igual o más.
Hoy la pareja está donde quería estar, donde le augura un trato digno, lejos de los países que les hicieron ver su suerte hasta las últimas consecuencias y, sobre todo, lejos del país donde nacieron y al que ahora solo repudian… lejos de Cuba. (13-03-2013)
Eder Arreortúa

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