viernes, 30 de abril de 2021

Genuino

Dice el escritor italiano, Mirko Badiale, que: en cada niño se debería poner un cartel que dijera: 'tratar con cuidado, contiene sueños'. Y no son sólo sueños, para ellos son realidades en su dimensión, una dimensión que procesa soluciones prácticas, donde la vergüenza no existe, donde hay cuestionamientos matemáticos/aritméticos, biológicos, de lógica y metafísicos de forma espontánea. 

La óptica del infante se rige bajo un esquema útil y funcional: ponerse contento con el mínimo motivo, estar siempre ocupado con algo y saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea, incluso a sí mismos, porque para ellos no existe esa incomoda palabra: IMPOSIBLE. En un chasquido pueden ser bomberos, arquitectos, artistas, astronautas o futbolistas, porque creen ciegamente en su talento y el miedo a equivocarse es nulo; sin pasado, ni futuro, solo el presente. 

Sin embargo, un día, sin darnos cuenta, le abrimos la puerta a la vida adulta, la cual llega con un predominio de individualismo a rajatabla, empujado por un mundo globalizado, donde la fuerza de trabajo se mide en fríos números y resultados, donde el estrés es el común denominador de nuestros días y el hedonismo, junto a la frivolidad, atienden a nuestras más básicas necesidades; todo esto, coludido con la insensibilidad, el apego a lo efímero y la monotonía, que nos convierten en piezas de un rompecabezas que conforman un tejido social con poco rumbo.  

La reflexión a todo esto es: ¿qué nos queda de niños? ¿merece el mérito el haber crecido y ser lo que ahora somos? ¿valió la pena entregarnos a esta “independencia” y dejar atrás el genuino ingenio, la suspicacia y la practicidad? 

Ya sea que, si la vejez será nuestra segunda infancia o si la vida misma es la infancia de nuestra inmortalidad, hay que ponerle una pizca de niñez a nuestro día a día. Y, sobre todo, si está en tus manos guiar a un niño, no dejes que tu vida adulta altere su mundo.

lunes, 28 de septiembre de 2020

“México lindo…” (CRÓNICAS DEL SUR)

Llegaron a Ecuador procedentes de algún lugar del mundo, de un lugar donde dicen que la gente no vive a gusto. Su objetivo era más que claro: pisar Miami. 

Ella de nombre Isabel, él de nombre Pascual, dos almas en busca de “una mejor calidad de vida” o simplemente “vivir tranquilos”; antes, en su terruño, apenas sobrevivían. 

Quito fue la ciudad donde comenzó el viacrucis, posteriormente les siguió Colombia y luego Panamá, ahí fue donde tuve la fortuna de conocerlos, tratarlos y aconsejarlos. 

México lindo y querido”, me decía Isabel en repetidas ocasiones y después arrojaba un suspiro, en actitud condescendiente, quizás; me afirmaba que teniendo un pie en tierras aztecas estarían casi en su destino. Pascual, por su parte, se limitaba controlar sus nervios y su miedo de no ser descubierto por migración y ser regresado a su pesadilla. 

¿Por qué se van de su país? fue lo primero que pregunté, aunque siempre he tenido clara la respuesta. “Ahí no hay vida…”, respondieron y después me dieron un puñado de argumentos. 

El gasto que cualquier persona invierte en viajar de Ecuador a los Estados Unidos de Norteamérica es significativo; sin embargo, ellos tenían que pagar el triple, más el precio de la humillación, que no es poca cosa, pero dar pasos atrás no era opción. 

Después de un tiempo seguí mi destino hacia el sur y ellos hacia el norte, por esas paradojas que tiene la vida. Hace algunos días me encontré a Isabel conectada vía Facebook y con alegría me contó que estaba ya en Estados Unidos, junto a Pascual; sin embargo, con desagrado me dijo que para ella, México había dejado de ser el: “México lindo y querido”, que aquella imagen que se había creado de un país amable, se le fue al suelo cuando la tuvieron de pie casi diez horas en la frontera con Guatemala, donde la señalaron, la amenazaron y además la desnudaron, en un bajo acto de degradación. 

La pareja ya había vivido algo similar en Colombia y en los demás países eran víctimas del miedo y amenazas continuas; ser sobornados se volvió su día a día, pero tenían la esperanza de que en tierras aztecas el trato fuera diferente y no fue así. 

Muchas veces se escucha en los canales de noticias mexicanos sobre el mal trato que se da a los connacionales en la frontera con los Estados Unidos, mientras los intelectuales discuten y discuten nuevas reformas migratorias. Sin embargo, pocos voltean a ver la viga que tenemos en nuestro ojo, en el ojo que mira hacia el sur, donde los Centroamericanos y cubanos no cuentan y sufren igual o más. 

Hoy la pareja está donde quería estar, donde le augura un trato digno, lejos de los países que les hicieron ver su suerte hasta las últimas consecuencias y, sobre todo, lejos del país donde nacieron y al que ahora solo repudian… lejos de Cuba. (13-03-2013) 



Eder Arreortúa 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Costumbres que dan miedo (CRÓNICAS DEL SUR)

Casi medio año de viaje, 23 kilogramos en la espalda, más de cinco empleos temporales, nueve países y kilómetros y kilómetros de carreta se resumen en un puñado de aventuras, todo por obedecer a un instinto de aventura. Tomar una mochila y retar al destino no es la decisión más complicada del mundo, lo complicado llega justo cuando esa decisión se ejecuta y se enfrenta a la realidad. 

Podría contar las aventuras cronológicamente, pero la memoria no es una de mis virtudes, así que comenzaremos porque lo que a mi mente llega.

Había pasado cerca de ocho días en un barco navegando de isla en isla en la inmensa Comarca de San Blas, también conocida como “Comarca Guna Yala”, la cual se ubica en la costa este del Caribe de Panamá. Una de esas tantas tardes que me disponía a capturar imágenes del paradisíaco lugar, un hombre se acercó a mí y con cautela me dijo: “¡cuidado joven! antes de que usted logre tomar la foto cinco hombres le estarán estirando el brazo para que pague por la imagen capturada”. No hizo falta más advertencia para abortar la misión. 

Sin embargo, esa curiosidad que mató al gato despertó en mí y me pregunté: ¿hasta dónde llegarán las restricciones de esta cultura para con los que no son parte de ella?, y claro, no me quedé con la duda, aunque ya obtenida la respuesta hubiera preferido quedarme con la duda. 

Un día un hombre ajeno a la etnia citada se casó con una mujer gunayala, obvio, después de numerosos desplantes por parte de los indígenas nativos, para lo cual se fue a vivir a una de las 365 islas que conforman dicha comarca. La historia parecía ir de lo más normal, siguiendo esas normas que en toda sociedad se siguen, pero en algunas se disfraza, donde la mujer debe trabajar el doble que el hombre. 

Dicho hombre, en su afán por mantener a su esposa de lo más cómoda posible y lejos del sufrimiento, decidió que todos los trabajos pesados los haría él y no su cónyuge, como se acostumbraba en la zona; sin embargo, tres días le duró el gusto a la fémina, pues un grupo de hombres, entre ellos el padre y el hermano de la mujer, interceptaron al joven y le advirtieron que dejara a la mujer que cargara todos los objetos pesados. La repuesta a cierta actitud es sencilla: si todas las mujeres de dicha isla se enteraban del suceso, todas querrían que sus maridos jugaran el mismo rol y la comodidad para ellos se terminaría. 

La historia también me la contó el tipo que me previno de no tomar fotos. (15-05-2013)

jueves, 24 de septiembre de 2020

La noche triste; Maracaná... 70 años después (Parte 2)

Cuentan las crónicas brasileñas que, tras el pitazo final de aquel fatídico suceso, la desolación en el país fue tal que se llegaron a registrar alrededor de 20 suicidios en la población. Brasil pasó de la posible gloria al estupor en un chasquido. La Canarinha fue el equipo más goleador del torneo al lograr 22 goles; Uruguay le siguió con 15, pero con dos partidos menos. En aquella ocasión, por única vez en la historia de un Mundial no hubo eliminación directa en la Fase Final, los cuatro equipos clasificados en primer lugar en los Grupos pasaron a un cuadrangular donde el campeón sería quien lograra más puntos.

Aquel Mundial también tuvo la particularidad de que India había clasificado a la competencia, pero declinó luego de que la FIFA obligó a los jugadores a utilizar zapatos, y éstos no estaban acostumbrados. Además, el órgano rector del balompié internacional prohibió participar a Alemania como repudio a ésta por la Segunda Guerra Mundial; Argentina no participó por diferencias con Brasil.

Además, por primera vez los jugadores llevaron números en sus camisetas de acuerdo a su posición en la cancha; en este campeonato no hubo expulsados. Este evento hizo mella en unos más que en otros, como fue el caso del portero Moacir Barbosa, quien ganó siete campeonatos nacionales en Brasil, además de un Sudamericano y el Campeonato Sudamericano de Campeones, la gran mayoría con el Vasco de Gama, el club de sus amores; sin embargo, su intervención en el llamado Maracanazo marcó su carrera y su vida, luego de que gran parte de la sociedad brasileña le culpó de aquella debacle.

“Cuando conocí al Moacir Barbosa no sabía quién era él, primero nos hicimos amigos, él estaba pasando por muchos problemas, había perdido a su esposa, no tenía donde vivir y nosotros le ayudamos. Yo siento mucho orgullo por lo que él ganó, todo lo que disputó lo ganó, fue el primer Campeón Sudamericano en 1948, pero las personas sólo se acuerdan de la única vez que él perdió y se olvidan de sus grandes glorias”, cuenta Tereza Barboa, quien fue hija adoptiva de Barbosa.

Setenta años después de aquel episodio, aún hay llagas que se resisten a cerrar por completo, la sociedad brasileña guarda nítidos recuerdos de aquella desgracia y al oriente de Sudamérica prefieren no hacer alarde del que hoy en día se recuerda como uno de los capítulos más majestuosos a nivel deportivo.


DATO

203 MIL 849 aficionados asistieron a la final entre Brasil y Uruguay, una cifra récord


Eder Arreortúa

La gloria quedita; Maracaná... 70 años después (Parte 1)

Dentro y fuera de la cancha la palabra honorabilidad tenía mucho sentido. Aquel día, fatídico para Brasil, histórico para Uruguay, aún hace mella en lo más profundo de las dos naciones. Social, cultural, económica y, sobre todo, futbolísticamente, el recuerdo de la Final jugada en 1950 en el mítico Maracaná trasciende a segundas y terceras generaciones.

El 16 de julio se cumplieron 70 años del Maracanazo, un capítulo que ha quedado marcado en el futbol y en el deporte mundial como uno de los actos más manifiestos de sentimiento puro, de estupor y de firmeza. El Campeonato de 1950 tenía como favorito a la verdeamarelha, que le propinó una goleada 4-0 a México en su debut; tuvo un empate 2-2 ante Suiza y cerraron la primera Fase del Grupo 1 con un 2-0 sobre Yugoslavia.

Luego, en Fases Finales, los anfitriones se sirvieron con la cuchara grande: a Suecia la derrotaron 7-1 y a España 6-1. Pasaron a la gran Final con un monto de 13 dianas en solo dos partidos. El Goliat de esta historia estaba en plan intratable.

Del otro lado, el modesto representativo de Uruguay, ubicado en el Grupo 4 junto a Bolivia, cumplió con su trámite vapuleando 8-0 a La Verde; las otras dos selecciones desertaron. En Fase definitiva, España estuvo a nada de eliminarlos, pero el capitán Obdulio Varela hizo el empate 2-2, luego, frente a Suecia, de último minuto lograron el 3-2 que los llevó a la Final.


EL CAMPEÓN

Todo estaba puesto para que Brasil fuera el campeón; un empate le bastaba a La Auriverde para coronarse en un evento que desde 24 horas antes ya había ensayado la entrega de la Copa del Mundo con los de casa como protagonistas.

Entender un poco el futbol es tener claro que ganar o perder no es sólo un trámite; que fuera y dentro del campo las diferencias se diluyen y en el Maracaná, junto a esas diferencias, los sueños del anfitrión se esfumaron en un chasquido.

Brasil dominó la primera mitad; abrió el marcador cuando Friaça anotó para despertar el júbilo de los de casa, pero al minuto 66, Juan Alberto Schiaffino igualó, y al 79´, un ataque entre Alcide Ghiggia y Julio Pérez, por la banda derecha, supuso la remontada.

Hoy, a 70 años de aquella hazaña brindada ante más de 200 mil espectadores, récord en asistencia a un partido de un Mundial, casi todos brasileños, Rodrigo Pérez, nieto de Julio, habla de las impresiones de un evento que trascendió no sólo en él, en toda una sociedad; sin embargo, en el día a día, en la cotidianidad, su abuelo y aquella generación se encargaron de empotrar muy bien los pies a ras del suelo, sin presunción alguna. La arrogancia que en cualquier sociedad pudo representar esta gloria, resultó insulsa para ellos.

“Aquí en Uruguay, el Maracanazo simbolizó un evento cultural muy importante para nuestra identidad. En la familia, el abuelo, como todos los integrantes de aquella selección, nos enseñaron a llevarlo con mucha naturalidad, con sencillez y humildad. No les gustaba ostentar ni sacar chapa de eso; no se sentían cómodos sentándose en un pedestal. Los líderes de ese grupo: Obdulio Varela, Aníbal Paz, Roque Gastón Máspoli, quienes eran los más experimentados, eran personas sencillas y siempre inculcaron esa sencillez, el trabajo, el juego colectivo y la lealtad. Esa fue la clave para lograr la gesta, porque si bien en el juego intervienen muchos factores para que se dé el triunfo o el fracaso, cuando hay valores en común, ayuda mucho”, cuenta Rodrigo en entrevista con un servidor.

Aquel Maracanazo dejó el sentimiento de tristeza en lo más profundo del caído, tan profundo que lo heredó, pero a la vez fue tan extenso que el triunfador lo compartió. El nieto de Julio, hoy entregado al futbol amateur, habla de esa herencia de la nobleza del saber ganar, la cual representa un oasis en un mundo como el futbol moderno.

“A lo lejos, gran parte de los uruguayos sentimos empatía por aquel Brasil, aquí sentimos mucho más que una falsa modestia, a nosotros nos duele el hecho de que mucha gente se suicidara, que se condenara a jugadores, como al mismo Barbosa, que decía que ‘en Brasil no existe la pena de muerte; alguien que mata tiene 30 años de cárcel, y a mí que no pude evitar un gol, estoy pagando una cadena perpetua’. A mi abuelo siempre le dolió que un colega pasara por un castigo así”, cuenta.

Y cuando se es Campeón ante tales circunstancias, no todo puede ser miel sobre hojuelas; las generaciones sucesivas de futbolistas uruguayos tuvieron que pagar una cara factura después de aquel cetro.

“A las selecciones venideras post-Maracaná, les tocó cargar con el peso y la fama de la Garra Charrúa, los jugadores comenzaron a alimentar la característica de asistir al coraje, a la rebeldía, e incluso a la trampa, a la picardía, por estar en medio de dos potencias futbolísticas como los son Brasil y Argentina. El Maracaná nos había dejado el mensaje de que éramos los mejores, los más grandes, entonces, a las siguientes generaciones se les exigía que se lograra algo similar y conforme crecieron los medios de comunicación la exigencia también crecía; si Uruguay no llegaba a una Semifinal era un fracaso, pero en la última década, con Tabárez, hubo ya una reconciliación”, concluye.


FRASES

“A mi abuelo le decían El Loco. Cuando salieron a la cancha del Maracaná ante 200 mil espectadores, todos brasileños, quienes ya tenían decretado que el ganador sería Brasil, le dio una vuelta como desafiando a la hinchada, porque él tenía esa rebeldía”


“Aquella selección también contaba con atributos técnicos que ayudaron para que se lograra ese campeonato; de hecho, los dos goles que anotó Uruguay llegan en jugadas de paredes, por la poca información que circulaba, los brasileños nunca imaginaron que les iban a hacer daño por ahí”


“Ellos hablaban tan poco del tema que, a mí como nieto, siempre me dejó de enseñanza de que un evento como el que ellos vivieron no podía romper la cotidianidad que tenía con su familia o con sus cercanos”

Rodrigo Pérez

Nieto del futbolista Julio Pérez



miércoles, 23 de septiembre de 2020

#Covid: un descuido, un cruel padecimiento, una enseñanza

Pedro, Eder, Norberto, Eliud; una sala adecuada para pacientes con Covid-19; una torpe sinfonía de tos de un lado y tos del otro, caras largas, susurros de parte del servicio médico; Norberto parece ya rebasar los 50, Pedro y yo (Eder) andamos en los 30; Eliud quizás ni a los 20 llega; sin embargo, es él quien hace esfuerzos para respirar, se toma el cuello y se frota el pecho, el miedo se le ve en la cara.

Sólo 16 días antes todo comenzaba con dolor en la garganta, un día después llegaron unas repentinas náuseas y el tercer día el cuerpo cortado; mientras, el cuarto día, el primer crítico, llegan, cual vendaval, la tos, la diarrea, acompañados de fiebre y escalofrío. «¿Será el mentado Coronavirus?», cruza por mi cabeza, mientas la fiebre, el frío y el miedo me hacen tiritar en la cama. Del quinto día al octavo llega un bálsamo de tensa calma: nos acompaña la tos, el dolor en articulaciones, pulmones, riñones y el abandono de la fuerza en el cuerpo, con la molestia de los mocos a todas horas. Se viene lo peor.

El noveno día parecía normal, pero cuando caía la noche llegaron los fantasmas. Dolor fuerte en el pecho, faltaba el oxígeno y las bocanadas de aire parecían insuficientes. Es momento de ir a urgencias. “En efecto, es Covid-19″, sentenció el galeno del Hospital UMF 28 Gabriel Mancera, sin más pruebas que las físicas; prosiguieron días de encierro, mucha agua, paracetamol, loratadina, atención médica cada dos días.

Después de casi tres semanas, ahí, sentado a una considerable distancia, al lado de Pedro, Norberto y Eliud, la pregunta es: ¿cuánto se pudo evitar esto? Una actitud relajada, la inconsciencia, la incredulidad, la soberbia, quizás fueron las razones que nos llevaron ahí. La enseñanza y reflexión que nos queda: #QuedateEnCasa.


Eder Arreortúa